lunes, 12 de junio de 2017

Carta abierta en la Facultad de Ciencias Veterinarias.

Un alegato a la sensibidad


Es necesario re conceptualizar una serie de ideas que nos parecen naturales, como por ejemplo la noción de apropiación. La idea de que los humanos son sujetos políticos porque son dueños de sí mismos es una de las bases de la democracia moderna, pero de ahí se desprende que los humanos se pueden apropiar del resto del mundo. Tenemos que inventar formas alternativas de apropiación, tal como existe en otras cosmologías. Y aunque no las podemos reproducir, porque ninguna experiencia histórica se puede reproducir automáticamente, pueden servir de fuente de estimulación intelectual.
Mientras en Occidente pensamos que somos dueños y poseedores de la naturaleza, en el resto de las cosmologías es todo lo contrario: la naturaleza es dueña y poseedora de los humanos. Claro, no se puede decir así porque para ellos la naturaleza como tal no existe, pero el punto es que entienden que los humanos son parte de un sistema más grande del cual son responsables y que los no humanos son condiciones para que los humanos desempeñen sus actividades. Eso es lo que se encuentra en las comunidades tradicionales de los Andes, no muy lejos de aquí.                                               
                                Philippe Descola

Hace algún tiempo cuando decía que, quien cura una herida no necesariamente se ocupa de la salud de un animal1, intentaba marcar la diferencia entre estar ocupado o preocupado por la salud, en la ausencia de bienestar del otro, etc. o solucionar puntualmente una situación de higiene o la restauración de un tejido. Lo segundo puede no implicar lo primero y eso hace una diferencia sustancial cuando tratamos con la salud y el bienestar animal. No hay problema en que un veterinario quiera participar de la industria de los animales, no hay una critica en eso. El acento está, para mí, en cómo deberíamos considerar, en estos ámbitos académicos, a los animales pues se produce en la mayoría de nosotros una gran contradicción, cuando estamos aquí por el bien de los animales no humanos y nos vemos obligados a convivir con esa visión que aún rige algunos ámbitos académicos.
Recuerdo ese ejemplo del profesor que entra a su aula y coloca dos fotos en la pared y que cuenta:
El primer día de clase, pongo la fotografía de una heladera en una pared y la de un niño pequeño en la pared opuesta del aula y pido a los estudiantes que se paren junto a la fotografía que mejor representa sus sentimientos hacia sus caballos. Casi todo el mundo se mueve hacia el lado de la habitación con la fotografía del niño. Esa es la reacción intuitiva y no es una sorpresa. Pero después de algunas preguntas como: ¿Se puede comprar y vender a los niños? ¿Se pueden criar con fines de lucro? ¿Se puede practicar la eutanasia, si la condición es grave y la asistencia médica es demasiado cara? ¿Se puede obligarlos a competir o se los puede explotar de otras maneras? ¿Se pueden esterilizar para hacerlos más manejables?, -todas cosas que los propietarios de caballos dan por hecho-, los estudiantes comienzan a gravitar incómodamente hacia el lado "nevera" de la habitación...
Lo primero que debemos re pensar es que la consideración que tenemos de los animales es esta valuación que hacemos de ellos como objetos de comercio. Mientras los animales sean considerados un producto de la industria animal vamos a confrontar siempre con una contradicción respecto de los valores que nos trajeron aquí a quienes los vemos y los consideramos entidades subjetivas de la animalidad no humana. Quienes consideremos la animalidad como una forma personificada de la vida nos vamos a sentir fuera de lugar en ciertos ámbitos académicos y vamos a tener que lidiar con muchas dificultades ajenas al proceso de enseñanza aprendizaje pero ligadas a la convivencia, la filosofía y la ética que prevalezcan en esos ámbitos. No pienso que todos tienen que sentir o pensar al respecto de los animales no humanos de la misma manera dentro de las facultades o institutos de ciencias veterinarias, pero sí creo que esos ámbitos deberían por lo menos no ser hostiles a los estudiantes y profesores amantes de los animales. De hecho, su postura ético filosófica no es contraria a práctica científica u opuesta al buen ejercicio de la profesión. Después, que cada uno resuelva en su intimidad sus propias búsquedas. Yo resuelvo en mi practica diaria, el hecho de que la vida vive de vidas y prefiero comer una planta en vez de un animal o si comer una manzana y una semilla en vez de una zanahoria, yo veré si tengo que matar un mosquito o cazar una antílopeNo voy a ser ni el primero ni el último humano que tiene que lidiar con eso, muchas culturas lo han resuelto ensayando diferentes ontologías. -Se sabe muy bien de la existencia de culturas humanas varias donde los animales poseían un status de igual y sin embargo, se los comían, no hay contradicción en ello, no había conflicto cultural o personal. Hay más conflictos hoy en nuestra cultura moderna que en la que ellos reproducían. Y no porque ellos ignoraran los sentimientos o la subjetividad animal, la tenían presente. Nosotros, aún ignorando eso desde los tiempos de la ilustración, tenemos muchos más conflictos. Lo que quiero decir es que negando a los animales su status no se acaba con los conflictos-. Bueno, en todo caso como dije, la alimentación es una cuestión personal o privada de cada uno. Este es un tema de otra índole y ajeno al que estaba planteando sobre la necesidad de libertad de sentir o pensar y el maltrato ejercido hacia muchos alumnos, ayudantes, profesores en los ámbitos académicos.
Se que muchos están aquí porque les interesan los animales y los aman. También que muchos decidieron estudiar esta profesión porque son personas sensibles a la animalidad, empáticas, conectadas...que quieren hacer el bien a los animales a partir del aprendizaje de las artes curativas.
Entiendo también que es muy grande el precio que algunos de ustedes van a tener que pagar para aprender esas artes, esto lo sé desde mi propia experiencia y de la experiencia de muchas personas del ámbito muy cercanas, que en distintos momentos me lo han comentado. Entre otras cosas, me refiero a que a algunos de ustedes van a considerarlos demasiado cuestionadores, demasiado inteligentes, no convencionales pero sobre todo demasiado sensibles, demasiado conectados, demasiado preocupados del otro, del animal.
Lamentablemente la mayor parte de lo que se aprende hoy día en los claustros como este, de todo el mundo no es para salvaguardar a los animales o ayudarles, es para salvaguarda y en pos de las grandes industrias que trabajan con ellos.
Pensándolo desde un marco biológico, incluso muchos podemos llegar a la conclusión de que los animales no lo necesitan, ellos no nos necesitan. Más bien es todo lo contrario, lo que necesitan es que los dejemos en paz, que les devolvamos sus espacios, que les permitamos convivir con otras especies...que los liberemos. Tal vez, conozcan esa frase de Jonas Salk que dice "Si desaparecieran todos los insectos de la tierra, en menos de 50 años desaparecería toda la vida. Si todos los seres humanos desaparecieran de la tierra, en menos de 50 años todas las formas de vida florecerían". No se cuál sería la función principal de la ciencia veterinaria o mismo de la biología, sino preservar, investigar y fortalecer la Vida. Creo que es el camino que yo elegiría si estuviera dedicado a estudiar las artes curativas o la comprensión de las manifestaciones de la vida en el planeta. ¿Qué sentido tiene una ciencia de la vida si su objetivo no es cuidarla y defenderla, acaso se puede estudiar para terminarla y destruirla ? Como dice de Giorgio La ciencia animal sin ética animal se convierte en una ciencia oscura, que busca justificación para la explotación de la animalidad.
Como decía, los animales no necesitan de nosotros. Suena muy degradante que hoy nos tengan que pedir permiso para su existencia. Dentro del marco natural, los animales deben convivir con el sufrimiento, con las enfermedades, con el dolor y están bien preparados también para sanar, para sobrevivir en su mayoría. Es ese sentido también se puede decir que es poco lo que necesitan de nosotros. Hemos estado abusándolos y esclavizándolos durante milenios y es por eso que gran parte de lo que es necesario hacer hoy con ellos tiene que ver con la libertad, con el respeto, con habilitar en nuestra cultura las distintas expresiones y manifestaciones de la animalidad (quizá también en nosotros mismos), con permitir su existencia.
Creo de todas maneras que es mucho lo que se puede, desde las ciencias veterinarias, hacer en ese sentido. Me parece importante que personas con vuestra sensibilidad decidan recorrer este camino. Es en el compromiso con sus deseos y el interés en asistir a la vida y a los animales que veo la posibilidad de un cambio en los claustros.
Por otro lado, cuando se les advierte (directa o indirectamente) que con “esa sensibilidad” ustedes no van a poder desarrollarse en el ejercicio de la profesión correctamente, cuando se plantee que ejerciten cierto tipo de objetividad (que les permitirá trabajar mejor), pongan atención en no desconectarse y perder la sensibilidad o caer en la objetivación del otro. Desconfíen de la argumentación falaz que los descalifique “científicamente” por su sensibilidad, su empatía o subjetividad. Lo contrario es mas cierto, la sensibilidad y la empatía son enriquecedoras de una ciencia muchas veces fría y mecanicista. La futurología aplicada a el modo de ser de alguien es solo desconocimiento de la riqueza de manifestaciones de lo humano. El que yo pueda hacer o no hacer ciertas cosas depende de mis decisiones, habilidades, empeño, capacidad y no necesito ni tengo que desconectarme de mi sensibilidad para lograrlas. La insensibilización no es el camino a la riqueza personal, o al conociminto sino mas bien a la pobreza de espíritu o de humanidad. En general eso es una metodología para crear soldados, personal sin ética o sensibilidad hacia el otro o para crear obediencia. Gente que tiene que cumplir funciones sin sentir o sin plantearse lo que pasa, sin preguntarse que es lo que le está pasando al otro.
Sabemos que la ciencia veterinaria, en este momento, trabaja, está sostenida y subsidiada por las grandes industrias que la necesitan. Sabemos que la industria alimenticia, la industria cárnica, la industria farmacéutica, la industria del deporte ecuestre, por ejemplo, hacen posible que haya mucho trabajo, para algunos veterinarios, mucho dinero en juego para algunas investigaciones y algunas prácticas profesionales...por el momento no pretendo la abolición de eso, pero me parece importante que si hay algunos de ustedes que desean tener otro tipo de tarea en el ámbito de la ciencias veterinarias, que sienten que no necesitan dejar de amar a los animales para poder curarlos o que no necesitan cuestionarse la posesión de un fuerte sentido de la ética o su moral propia para aprender las artes de la curación animal, creo que debería haber un espacio académico mas propicio para eso. Me parece que las ciencias veterinarias son un abanico de conocimientos y técnicas muy amplio en las ciencias animales, es muy probable que todos los interesados en ellas puedan convivir con el conocimiento necesario para dejar de tratar a los animales como meros alimentos sin procesar, recursos de la industria o entidades subordinadas a la producción y la economía. La industria alimenticia puede tener sus aprendices y cultores, que son bien necesarios en la sociedad actual, pero lo que también necesitamos son personas que investiguen, que curen, que interpelen la animalidad y puedan hacerlo libremente y no subordinados a la ciencia esclava de la industria animal. Sé que esas personas existen y muchos podrían ser ustedes. Personas y ámbitos que permitan la alteridad, que alienten otras posturas frente a los animales no humanos, que profundicen en los conocimientos científicos desde un fuerte sentir de la ética animal. Una ciencia veterinaria al servicio de los animales.


David Castro 6 de Junio de 2017




miércoles, 26 de abril de 2017

Música



Espero que mi música pueda ser escuchada

“Se puede deslizar el arco sobre el fondo de un violín durante treinta años, incluso cien años, pero aun así no habrá música alguna. Y la persona que sostiene el arco tampoco se convertirá en música.                                                               Alexander Nevzorov
No es la primera vez que me encuentro con la tarea de tener que aclarar este tema. 
Si intento con mis comentarios o escritos una discriminación objetiva de las metodologías ecuestres o sus abanderados, no es por una actitud de animosidad a las personas que trabajan para la industria ecuestre o en particular para las de las domas alternativas. Lo hago desde lo que yo considero importante para los caballos y necesario para las personas que quieren entender los diferentes métodos y aproximaciones a este animal.
Voy a intentar explicarlo nuevamente desde otro ángulo. Ojalá que no se me mal interprete.
Mi problema con la Doma Natural es su fama -por decirlo de alguna manera. No tengo problemas con Lucy Rees o con quienes quieran aplicarla, como ya lo he explicado en reiteradas ocasiones, la doma natural es un método de sometimiento y mella de los caballos, fácil y eficaz, muy útil para quien lo desea (incluso puedo agregar que es menos violenta de la domaindia que practiqué en mis inicios).

Respeto el trabajo de los etológos, sé que son buenas personas y reconozco en muchos su amor por los caballos y su entrega pero, viniendo de ellos ( incluso tal vez por eso) las confusiones sobre la Doma Natural son más graves.

Sobre las personas que trabajamos con los caballos...Bien sé que algunos están en un proceso, muchos hemos pasado por eso. Sé también que no tiene que ver con nuestros años de trabajo con los caballos, he visto a un adolescente encontrarse con un caballo por tercera vez en su vida, demostrar una comprensión y empatía que a mí me llevaron años de desaprendizaje. Los años de experiencia con caballos no son nada o incluso al decir de Alexander, la experiencia ecuestre de siglos puede ser rápidamente descartada a la basura. Esa es la paradoja respecto de la historia de la relación humana con los caballos. La idea de la histórica dupla hombre caballo en sí está cambiando, junto con nuestra percepción general de los animales.
Decía en el último libro
“Siento nuevamente, tal vez algunos lo compartan, que todo lo que vamos haciendo tiene que ver con el camino para conocernos, darnos sentido. Los que recorren la senda de los caballos van a encontrar mucha maravilla en su cercanía, pues, por alguna razón, el caballo se ha convertido en un animal simbólico para los pueblos y culturas que lo han conocido. No dudo que la mayoría de ustedes lo ha experimentado en algún momento del encuentro o contemplación de estos maravillosos seres. La pregunta sigue siendo ¿qué siente el caballo? ¿Qué le hacemos sentir y experimentar durante estos encuentros? Todavía resuena en mí la frase del escritor Eduardo Galeano que les compartí al principio de este libro, “somos eso que hacemos para cambiar lo que somos”. Desconozco las razones por las que cada uno de ustedes se acercó a los caballos, pero desearía llamar su atención sobre qué es lo que cada uno de nosotros hace con ellos o junto a ellos. Eso que, según el escritor uruguayo, en definitiva somos”. Y LE SUSURRÉ AL CABALLO, 2016
Es claro que hay que tener en cuenta que este asunto es un proceso y que cada uno actúa desde su comprensión. Que todos somos personas bien intencionadas, todos actuamos de buena fe o amamos los caballos y luchamos por ellos, todos estamos en algún apredizaje, todos nos esforzamos, todos cometemos errores, en fin, todos somos humanos.

Hace un par de años me encontré un texto de un blog ( muy bueno por cierto) sobre el caballo y la caja de Skinner. Cuando di un vistazo al autor, era alguien que definitivamente en esa época su manera de interactuar con los caballos no se correspondía a sus palabras (esto fue hace un par de años, tal vez ahora este en otro punto). Cuando leo mis escritos de hace diez años atrás me doy cuenta de cuánto nos parecemos muchos de los que recorrimos el camino de los caballos.

Definitivamente en ese aspecto todos somos parecidos o iguales, pero para las personas que nos siguen, escuchan o leen y por sobre todo para los caballos, la diferencia es lo que hacemos al caballo en un curso o fuera de este, en nuestro que hacer diario. Lo que agradecen los Pottokas a Lucy, cuando ella va a verlos, es que vaya con una libreta y un lápiz y no con una soga. Ahí es donde ella se convierte, para mi, en una verdadera artista.
Lo importante que les propongo reflexionar es ¿qué es lo que nos diferencia para los caballos?
El camino que hemos elegido, eso que estamos haciendo hoy, pues al fin y al cabo lo que me hace diferente a mí respecto de otros para los caballos, no es lo que digo o pienso, es lo que hago con ellos cuando nos encontramos.


Gracias por leerme.

jueves, 6 de abril de 2017

¿Las preguntas que debo responder con ayuda de mi caballo?

Carta abierta.



Lo que me preguntas no es fácil de responder en un mensaje, como te podrás imaginar, pues el tema es complejo y tiene demasiadas facetas como para cubrirlas todas de manera clara en una sola respuesta. Además, está la dificultad de que para ti (como para mi y otros) este camino de los caballos es un proceso y no ocurre de un día para el otro, por cuanto hay cosas que tal vez en tu comprensión de hoy se te escapen y que recién en el futuro puedas asimilar como para tener en cuenta lo complejo de la situación en que viven los caballos de nuestro mundo. Me cuentas que tus caballos te llaman, te quieren, que se acercan a ti, que desean ser montados o curar a las personas... Los caballos se adaptan y buscan (casi te diría "instintivamente") la reparación vincular, la sincronía, la ausencia de malestar, etc. Se adaptan para sobrevivir y/o para "complacer" nuestras expectativas, nuestras demandas y nuestras órdenes. Eso puede ser confuso para interpretar sus actitudes o comportamientos.
Si quieres saber qué es lo que realmente quieren, sienten o necesitan, debes darles oportunidad de expresarlo y “garantías de respeto”. Algo que puede ayudarte en esto es pensar que “el caballo siempre tiene razón”, otra cosa que necesitas es darle tu comprensión y tiempo. La mayoría de los caballos han nacido sin esas condiciones y por esto necesitarán (al igual que nosotros) hacer un proceso para entender y sanar. Este proceso, en el mejor de los casos, puede llevarle un par de años
Muchos te dirán: “pregúntale a tu caballo, él sabe, él te dirá si le gusta”... Aquí es donde se explica porqué deberías saber algunas de las cosas que insisto en que debemos aprender. Antes de que puedas confiarte de sus respuestas y sus “mensajes” los caballos necesitan libertad, respeto y entendimiento de nuestra parte, pero por sobre todo tiempo para “sanar” su psiquis. Incluso a algunos caballos les llevará años recuperarse -muchos no llegan a recuperarse del todo de la indefensión aprendida y la gratitud “simpática inducida” (que sería algo así como el Síndrome de identificación de supervivencia)-, pero aun así deberíamos permitirles explorar su nueva condición de “vaca sagrada”, de animal “libre”, el tiempo suficiente para que vuelvan a ser caballos y, si es posible, junto a otros caballos.




Es por eso que se necesita mucha integridad y conocimiento de parte nuestra para aceptar con honestidad la realidad de cada situación particular.
La mejor manera de amarlos es estudiarlos para respetarlos y entenderlos. La más concreta forma de respetarlos (en principio) es no pedirles nada, no esperar que sean herramientas, terapeutas, o incluso “amigos”, solo dejarlos ser... Es una gran responsabilidad cuidar de otros y decidir qué es lo mejor para ellos. Si realmente te interesan los caballos, mi consejo es que esperes a conocerlos como realmente son.

viernes, 31 de marzo de 2017

"Solo le pido que no me lastime". Apologias I


¡Golpéame!, pero suavemente.

Hacer una apología de las espuelas, la fusta, la "mano suave" o las ayudas en general es como hacer una apología al castigo físico en las escuelas.




Tenemos que poder aceptar que si punzamos, pinchamos, golpeamos, jalamos, contusionamos, presionamos "sutilmente" donde otros han golpeado o -incluso- amenazamos con ello..., simplemente hacemos eso, no otra cosa. 

Las "ayudas" no son "sugerencias" o invitaciones que se le hacen al caballo, indicaciones "sutiles" o "brutales" según quién las ejerza, leves roces o presiones "indicativas". Son, o fueron en algún momento, estímulos aversivos a través de los cuales se le ordena al caballo sometido/condicionado que haga algo (que en general va en contra de su fisiología y/o su voluntad). 
En cualquier caso, si son "suaves", son amenazas (osea coerción) o incluso disparadores para que el caballo realice ciertos movimientos o conductas.


En este corte puede apreciarse que la piel del caballo es mas delgada que la humana.

Las cosas por su nombre
Dejemos los eufemismos y la metáfora para la literatura, la poética y otros "artes", hablemos con sinceridad y conocimiento respecto de la equitación. En todo caso, la violencia es violencia aunque carezca de castigos físicos y si esa es nuestra metodología de enseñanza, somos violentos por más sutilmente que la ejerzamos.

Los invito a re pensar lo que creen que saben sobre el tema. Gracias

miércoles, 28 de diciembre de 2016

De potrillos y jóvenes caballos



Es muy común pensar que los caballos se sienten seguros debido a la situación jerárquica de su grupo, de la manada o su banda y es por esto que se suele decir que los caballos necesitan un líder, una yegua madrina o una jerarquía clara. Por lo que he observado en los caballos y su naturaleza social dudo que esto sea así, creo más bien que es la familiaridad -la afectividad, los lazos sociales, la convivencia y el conocimiento de sus compañeros - lo que le da seguridad a un caballo.
Por eso es necesario tener claro cómo los movimientos y separaciones de los caballos jóvenes y potrillos pueden afectar la vida de estos y su desarrollo psicoemocional.
En general, lo ideal sería que los caballos en cautiverio vivan con su madre como mínimo hasta los dos años aproximadamente, por decir un tiempo en el que estarían más preparados para una separación. Este período les permitirá que terminen de desarrollar ciertos aspectos emotivos y psicológicos que ellos necesitan.



Los caballos, al vivir en territorios amplios en los cuales se mueven casi de continuo, al no tener una casa o una madriguera, un lugar seguro -desde un punto de vista práctico- van generando seguridad a través de recorrer los mismos senderos, de ocupar periódicamente los mismos espacios de pastura, de esparcimiento o de cría, de beber en las mismas aguadas, saber dónde encontrar plantas medicinales, o sea la seguridad de conocer en profundidad su territorio. Pero bien, los territorios son casi siempre amplios y ellos de todas maneras están casi en continuo movimiento, alejándose o acercándose a las fuentes de agua suelen caminar varios kilómetros al día. Esa situación y su naturaleza social (debemos pensar en mamíferos como nosotros) hace que el cuerpo de su madre sea para las crías el “lugar” seguro, el “lugar” donde los potrillos se sienten protegidos. La cercanía constante de la madre, la teta, es su “casa”, su lugar familiar y seguro, lo mismo que la compañía de sus parientes y compañeros de manada.


Las separaciones de los potrillos son generalmente antes de los dos años, o incluso antes del año, que casualmente es el período en que ellos adquieren esa madurez sicológica y afectiva para comenzar a sentirse seguros y aventurarse en el ámbito de las relaciones sexuales. Es a partir de ese momento que lo potros comienzan a molestar e intentar montar a la hembras y las potrancas han comenzado un tiempo antes con sus ciclos de celo. El tiempo en que los potros comienzan a ser desplazados de sus bandas y se unen a las de solteros y las potrancas pueden llegar a migrar o formar parte de otras bandas - si son abducidas por algún macho vecino o joven- dependiendo de distintos factores.
Esta situación de separación temprana suele ser bastante terrible para los caballos nacidos en cautiverio y es algo que debemos tener en cuenta para que no ocurra. Utilizando un poco el sentido común piensen que en realidad esta situación de separación temprana del potrillo tiene una función y un sentido que no es solo la cuestión del pronto uso del vientre de la yegua para la cría comercial de caballos. No es solo una cuestión práctica de manejo de Haras. Esta interrupción del vínculo con la madre, la familia y el grupo terminan, también, generando un tipo de caballos mucho más vulnerables y dóciles. Por la carencia de contención, familiaridad, afecto y compañía de su grupo son, al fin, más propensos a la manipulación.


No debemos olvidar que (al igual que con los seres humanos) las metodologías de enseñanza o de trato en general son y han sido históricamente autoritarias, no las de la cooperación o la comprensión, ni las de la ayuda al desarrollo del otro o su empoderamiento o el reconocimiento de su libertad, sino lo contrario. Siempre se ha buscado de manera intencional o no, consciente o inconsciente la dependencia, la debilidad para poder tener un fácil manejo de los individuos, pues un individuo adulto con una gran seguridad en sí mismo puede causar problemas, tener desobediencias, rebeldías, etc. Esa es nuestra lógica, la lógica de la dominación. Nuestra lógica “humana” y nuestra lógica social. Es fácil de entender que esto sea lo que guíe los manejos respecto de los seres que queremos controlar, tener en cautiverio o que nos sirvan. Deseamos que sean manejables y no tener dificultad al moldear sus conductas y sus vidas.


Por supuesto, creo que nosotros no queremos eso sino seres completos, seres confiados de sí, seres que conocen su poder. Somos nosotros los que estamos a disposición de su desarrollo, pues deseamos los mejor para ellos, no tratamos de convertirlos en seres obedientes y sumisos o inseguros y fáciles de manejar, sino en seres sanos, confiados y empoderados. 





Fotografía Mariana Domic

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Los Caballos. Amor y control



En esta antigua fotografía, (al igual que en la anterior que fue retirada por pedido de autor - pido disculpas a Miron Bococi por la confusión respecto de los derechos de uso de su imagen) pueden verme durante el trabajo con un caballo de carreras que se lanzaba atacando de manos. Lo que se ve es una corrección ante un intento de llevar sus cascos a mi cabeza, a lo cual respondo " sshhh!, esto no puedes hacerlo". Es una corrección rápida con el ramal. Interpongo mi presencia y mi postura a su animosidad. Esto sería como tratar de corregir a un niño violento con represión o incluso violencia y nada tiene que ver con lo que haría hoy día en la misma situación pues he descubierto que hay otros caminos para enseñar a los caballos respeto. Esto es en principio, respetándolos.


Hoy día, la mayoría de las veces, el valor junto a los caballos no tiene que ver con grandes hazañas, ni la fuerza con poderosos saltos. Ni siquiera con reconocerse equivocado desde toda la vida respecto de lo que entendíamos sobre ellos. El valor y la fuerza es muchas veces poder, al estar con ellos, tener el coraje y la voluntad de reconocerlos y comenzar nuestra relación de nuevo. 
Se necesita confianza -y tal vez un poco de fe en el otro o en el amor- en que no hay otro camino mejor que el del respeto y la libertad. En definitiva sin esa confianza y algo de valor sucumbimos ante el miedo o pequeños temores y comenzamos a controlar a nuestro amigo caballo. Pero el control es lo contrario a la libertad e incluso contrario al amor. El miedo y la intolerancia nos han llevado muy lejos de la comprensión de los caballos. El caballo es un animal grande y fuerte y eso intimida a mucha gente, es por eso que existen tantos métodos de control. Y esto no es solo consecuencia de algo histórico, que viene de la tradición y que está cambiando hoy. Todo lo que se conoce sobre los caballos hoy día se está usando para crear nuevos métodos de control. Solo analicen las nuevas domas naturales, racionales, no violentas o similares y verán gran cantidad de conocimiento sobre cómo “son” los caballos, aplicado a su sometimiento y su control. Aun en estos nuevos y bien intencionados intentos de relación, lo que prevalece es el miedo. Este nos lleva al control y lejos de la comprensión y del amor.



Me vino a la mente la frase de esa canción de Bob Marley que dice "liberémonos de la esclavitud mental, solo nosotros mismos podemos liberar nuestra mente”. Y pensaba en todas esas personas que en realidad no creen en el amor, o sea, no creen que los caballos puedan ser enseñados sin violencia, no creen que los caballos puedan entender sin que se los obligue, no creen en que los caballos puedan ser tratados como otro y como seres, con todas las posibilidades de elección y aprender a llevar un jinete en su espalda, a hacer los elementos que Alexander Nevzorov muestra o que nosotros hacemos con nuestros caballos. Esa es la verdad, ellos están esclavizados a la idea de que los caballos deben ser sometidos u obligados de alguna manera. En el fondo no confían y no creen en otras maneras. Es realmente muy interesante. Cuando alguien empieza a confiar, a creer y empieza a darle libertad a su caballo es porque cree en esa libertad. Es porque se esta dando la libertad a sí mismo de poder pensar de otra manera. Libertad de creer, libertad de amar, libertad de encontrase con el otro sin obligarlo, empujarlo o forzarlo. Con paciencia, con amor, con confianza. Haciendo cosas por el otro sin estar forzándolo a que nos de respuestas, sin esperar resultados, no esperando devoluciones. Creo que el primer paso hacia la libertad o el amor o "hacia la libertad en el amor" es ese, es dar desde el corazón y si el caballo nos da, a su vez desde su libertad, entonces, bienvenido. Pero hay gente que no puede darse esa libertad, que están esclavizados a la necesidad de controlar, de obtener, de estar seguros de que su caballos les van a dar lo que ellos están deseando, aunque no lo merezcan, aunque no hayan dado nada a cambio, aunque no hayan sido lo suficientemente amables o amantes para darle al otro la seguridad del respeto, la paciencia para enseñarle, el servicio al cuidarlo y la comprensión al tratar de hacernos comprensibles.



David Castro, autor de El Silencio de los Caballos 

Foto 1: Ina
Foto 2: Mariana Domic

martes, 15 de noviembre de 2016

Romper el estereotipo

Me han enviado hace poco un video de alguien que hace shows con sus caballos para que les diga si eso que se muestra es igual o similar a lo que yo propongo o a lo que se ve en las películas de Alexander.



"Todo lo que tiene que hacer es simplemente pensar y pensar, para romper con el estereotipo. Entonces serán posibles muchas cosas.”
                                            Alexander Nezorov

El paso que propongo para “romper el estereotipo” es el abandono de las técnicas. Por esto es que la enseñanza de mis cursos incluye un profundo análisis de la relación hombre-caballo. Durante toda esta etapa, nos dedicamos al análisis de los distintos métodos de doma-entrenamiento que han existido y existen hoy día. De esa manera, no solo se hace clara la contradicción existente en las metodologías ecuestres, con sus distintas técnicas de amanse o aproximación al caballo, sino también, lo innecesario de estas, la violencia oculta, la falacia de sus promesas de amistad y respeto y la búsqueda última de control de los caballos.

Como lo he explicado en muchas oportunidades, casi la totalidad de aquellas técnicas existentes son atajos para lograr un cierto control del caballo o de sus habilidades. El abandono de esta actitud conlleva la búsqueda de una relación franca y sincera con ese otro ser con el que quiero establecer contacto, en este caso, el caballo. La amistad verdadera se construye de otra manera y no hay técnica que sirva para el encuentro con el otro.

Una relación sincera, plena, franca con otro ser, no puede estar guiada por las modas, el utilitarismo o el egoísmo. Cuando eso ocurre no estamos hablando de ese íntimo contacto de alma a alma.

En busca de la comprensión del otro (el caballo, en este caso), el aprendizaje es una de las maneras (posibles o correctas) además de la empatía. La empatía es importante pero el aprendizaje es una de las herramientas clave. El aprendizaje sobre el otro, sobre el significado de sus acciones, el mensaje de sus gestos... eso nos va a dar una idea de la relación entre su comportamiento y lo que éste expresa. Todo esto es un aprendizaje que hacemos para una mejor comprensión del otro. Muchas veces al interponer nuestros anhelos o nuestras ideas, veo que hacemos un recorte de la realidad. En este camino el auto engaño, la fantasía, la falacia, los eufemismos simplemente no nos van a ayudar, más bien nos alejan, nos impiden la comprensión y dificultan el aprendizaje. A partir de aprender como el otro (el caballo) ve el mundo, entiendo que podríamos interpretar de manera aproximada su realidad, pero si esta interpretación tiene por fin último la satisfacción de nuestra fantasía personal, será muy difícil ver las cosas de manera “objetiva” (o entender la subjetividad del otro). No por nada, en el libro El silencio de los caballos traté de explicar este concepto de ponerse al servicio del otro, esta idea de la que hablo sobre colocarse por debajo (understand)1 para poder aprender del otro y su mundo. Cuando nuestro deseo (sea este deseo el resultado de un anhelo personal o un “mandato” histórico-social) de que el caballo nos sirva al propósito que le hemos asignado en nuestra mente tiene características performativas, toda la comprensión de la situación real, la comprensión del otro o de su comportamiento puede perderse en una fantasía.
La idea de que el caballo “juega” con el bridón en su boca, o que la baba espumosa en la boca del mismo es indicio de algo sano, o incluso la idea de una renombrada etóloga de que “el caballo atado patea porque le tomamos por sorpresa y no puede vernos”, pueden ser un claro ejemplo de lo que es una interpretación forzada de un comportamiento o un hecho.
Con todas sus incidencias y su complejidad sé que no es fácil entender en profundidad esto, pues se ha naturalizado de manera inconsciente la actitud utilitaria respecto de los caballos. Por esto digo que el cambio mayor debe ocurrir en las personas y no en los caballos, pues aun queriendo un cambio en nuestras maneras de interactuar con ellos es difícil para muchas personas abandonar el deseo de que sus caballos les “sirvan para algo”.
El supuesto de que existe una técnica, un método o un instrumento para alcanzar la relación soñada con un caballo es una fantasía corriente hoy día en la new age ecuestre.
Me encuentro una y otra vez con la situación de tener que explicar esto a muchas personas, incluso a algunas a quienes no se les ocurriría nunca pensar de esta manera en otros aspectos de sus vidas.


Parafraseando a Casilda Rodrigañez, esta experiencia proporciona el conocimiento de que las técnicas son aspectos secundarios, y que lo esencial de la relación y de la capacidad de diálogo entre humano y caballos, es el deseo de complacer al otro. Refiriéndome a los resultados que suelen verse (en shows o demostraciones ecuestres), que son lo más conocido, creo que todo el mundo sabe que se pueden enseñar todos los trucos o incluso todos los elementos de la Haute Ecole clásica, y ni rozar siquiera la experiencia de una relación espontánea guiada por el respeto, el dialogo, o el interés libre de presión o soborno. Los trucos por sí mismos no nos transforman por dentro ni producen diálogos entre caballo y persona. Sólo lo hacen en la medida en que ayudan a la inducción o producción de un lenguaje común y de un vínculo sano. Uno puede estudiar durante años las técnicas y volverse un maestro en ellas, pero en definitiva uno al final será el mismo de hace veinte años, con mayores habilidades en trick training, cliker o en doma natural. El interés en el caballo como alguien con quien deseamos vincularnos, antes de guiarnos hacia cualquier truco, debe ser tal que sólo con producirse ese vínculo, nos satisfaga y nos realice. Ahí es donde se va operando el cambio real necesario en las personas.
''La cuestión es que el principal secreto de una relación especial con el caballo, lo que confiere al hombre las habilidades sorprendentes para educarlo, consiste en el hecho de que no hay ningún secreto.
La verdad es que hay, pero es tan modesto, tan poco espectacular, que estoy de alguna manera incómodo, incluso, al mencionarlo.
El secreto de la relación con el caballo es amar su esencia cuando lo miras. Sentir su dolor, el miedo y el malestar como el tuyo propio. Amar su extraño punto de vista, visto desde el mundo humano y, siempre que sea posible, compartir esa visión del mundo.
Es necesario respetar la total indefensión del caballo y reconocer su derecho a estar insatisfecho. Hay que renunciar a la soberbia de primate estúpido y darse cuenta de que pertenecer al suborden de los homínidos no da derecho absoluto alguno a ningún tipo de supremacía.



El secreto del alma del caballo es que el caballo no te debe nada y no está obligado a obedecerte''. Alexander Nevzorov
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1  Esta transformación, en general, podríamos decir que se inicia con un aprendizaje. Un reaprendizaje, si lo desean.
En algunas otras ocasiones, he mencionado la relación que hay entre entendimiento y aprendizaje.
Para poder entender a nuestro caballo, intentaremos algunas de las cosas que estuve sugiriendo con anterioridad. Mi propuesta ha sido siempre partir de esta frase de uno de mis maestros. Él decía que comprender significa “ponerse debajo“: “understand” (stand: pararse; under: debajo), en el sentido
de que la comprensión requiere de una atención, de un aprendizaje, tal vez, de un servicio.
(...)La idea de comprender realmente al caballo, de preocuparse por entenderlo, sugiere una atención y también de un cuidado, un desvelo.
Atender sus necesidades encuentra como requisito comprenderlas, tener una mirada atenta. “Cambiar la mirada” implica, un poco, ponernos al servicio de sus necesidades, no ya él al servicio de las nuestras, por eso esta idea de colocarse por debajo (understand).