jueves, 6 de abril de 2017

¿Las preguntas que debo responder con ayuda de mi caballo?

Carta abierta.



Lo que me preguntas no es fácil de responder en un mensaje, como te podrás imaginar, pues el tema es complejo y tiene demasiadas facetas como para cubrirlas todas de manera clara en una sola respuesta. Además, está la dificultad de que para ti (como para mi y otros) este camino de los caballos es un proceso y no ocurre de un día para el otro, por cuanto hay cosas que tal vez en tu comprensión de hoy se te escapen y que recién en el futuro puedas asimilar como para tener en cuenta lo complejo de la situación en que viven los caballos de nuestro mundo. Me cuentas que tus caballos te llaman, te quieren, que se acercan a ti, que desean ser montados o curar a las personas... Los caballos se adaptan y buscan (casi te diría "instintivamente") la reparación vincular, la sincronía, la ausencia de malestar, etc. Se adaptan para sobrevivir y/o para "complacer" nuestras expectativas, nuestras demandas y nuestras órdenes. Eso puede ser confuso para interpretar sus actitudes o comportamientos.
Si quieres saber qué es lo que realmente quieren, sienten o necesitan, debes darles oportunidad de expresarlo y “garantías de respeto”. Algo que puede ayudarte en esto es pensar que “el caballo siempre tiene razón”, otra cosa que necesitas es darle tu comprensión y tiempo. La mayoría de los caballos han nacido sin esas condiciones y por esto necesitarán (al igual que nosotros) hacer un proceso para entender y sanar. Este proceso, en el mejor de los casos, puede llevarle un par de años
Muchos te dirán: “pregúntale a tu caballo, él sabe, él te dirá si le gusta”... Aquí es donde se explica porqué deberías saber algunas de las cosas que insisto en que debemos aprender. Antes de que puedas confiarte de sus respuestas y sus “mensajes” los caballos necesitan libertad, respeto y entendimiento de nuestra parte, pero por sobre todo tiempo para “sanar” su psiquis. Incluso a algunos caballos les llevará años recuperarse -muchos no llegan a recuperarse del todo de la indefensión aprendida y la gratitud “simpática inducida” (que sería algo así como el Síndrome de identificación de supervivencia)-, pero aun así deberíamos permitirles explorar su nueva condición de “vaca sagrada”, de animal “libre”, el tiempo suficiente para que vuelvan a ser caballos y, si es posible, junto a otros caballos.




Es por eso que se necesita mucha integridad y conocimiento de parte nuestra para aceptar con honestidad la realidad de cada situación particular.
La mejor manera de amarlos es estudiarlos para respetarlos y entenderlos. La más concreta forma de respetarlos (en principio) es no pedirles nada, no esperar que sean herramientas, terapeutas, o incluso “amigos”, solo dejarlos ser... Es una gran responsabilidad cuidar de otros y decidir qué es lo mejor para ellos. Si realmente te interesan los caballos, mi consejo es que esperes a conocerlos como realmente son.

viernes, 31 de marzo de 2017

"Solo le pido que no me lastime". Apologias I


¡Golpéame!, pero suavemente.

Hacer una apología de las espuelas, la fusta, la "mano suave" o las ayudas en general es como hacer una apología al castigo físico en las escuelas.




Tenemos que poder aceptar que si punzamos, pinchamos, golpeamos, jalamos, contusionamos, presionamos "sutilmente" donde otros han golpeado o -incluso- amenazamos con ello..., simplemente hacemos eso, no otra cosa. 

Las "ayudas" no son "sugerencias" o invitaciones que se le hacen al caballo, indicaciones "sutiles" o "brutales" según quién las ejerza, leves roces o presiones "indicativas". Son, o fueron en algún momento, estímulos aversivos a través de los cuales se le ordena al caballo sometido/condicionado que haga algo (que en general va en contra de su fisiología y/o su voluntad). 
En cualquier caso, si son "suaves", son amenazas (osea coerción) o incluso disparadores para que el caballo realice ciertos movimientos o conductas.


En este corte puede apreciarse que la piel del caballo es mas delgada que la humana.

Las cosas por su nombre
Dejemos los eufemismos y la metáfora para la literatura, la poética y otros "artes", hablemos con sinceridad y conocimiento respecto de la equitación. En todo caso, la violencia es violencia aunque carezca de castigos físicos y si esa es nuestra metodología de enseñanza, somos violentos por más sutilmente que la ejerzamos.

Los invito a re pensar lo que creen que saben sobre el tema. Gracias

miércoles, 28 de diciembre de 2016

De potrillos y jóvenes caballos



Es muy común pensar que los caballos se sienten seguros debido a la situación jerárquica de su grupo, de la manada o su banda y es por esto que se suele decir que los caballos necesitan un líder, una yegua madrina o una jerarquía clara. Por lo que he observado en los caballos y su naturaleza social dudo que esto sea así, creo más bien que es la familiaridad -la afectividad, los lazos sociales, la convivencia y el conocimiento de sus compañeros - lo que le da seguridad a un caballo.
Por eso es necesario tener claro cómo los movimientos y separaciones de los caballos jóvenes y potrillos pueden afectar la vida de estos y su desarrollo psicoemocional.
En general, lo ideal sería que los caballos en cautiverio vivan con su madre como mínimo hasta los dos años aproximadamente, por decir un tiempo en el que estarían más preparados para una separación. Este período les permitirá que terminen de desarrollar ciertos aspectos emotivos y psicológicos que ellos necesitan.



Los caballos, al vivir en territorios amplios en los cuales se mueven casi de continuo, al no tener una casa o una madriguera, un lugar seguro -desde un punto de vista práctico- van generando seguridad a través de recorrer los mismos senderos, de ocupar periódicamente los mismos espacios de pastura, de esparcimiento o de cría, de beber en las mismas aguadas, saber dónde encontrar plantas medicinales, o sea la seguridad de conocer en profundidad su territorio. Pero bien, los territorios son casi siempre amplios y ellos de todas maneras están casi en continuo movimiento, alejándose o acercándose a las fuentes de agua suelen caminar varios kilómetros al día. Esa situación y su naturaleza social (debemos pensar en mamíferos como nosotros) hace que el cuerpo de su madre sea para las crías el “lugar” seguro, el “lugar” donde los potrillos se sienten protegidos. La cercanía constante de la madre, la teta, es su “casa”, su lugar familiar y seguro, lo mismo que la compañía de sus parientes y compañeros de manada.


Las separaciones de los potrillos son generalmente antes de los dos años, o incluso antes del año, que casualmente es el período en que ellos adquieren esa madurez sicológica y afectiva para comenzar a sentirse seguros y aventurarse en el ámbito de las relaciones sexuales. Es a partir de ese momento que lo potros comienzan a molestar e intentar montar a la hembras y las potrancas han comenzado un tiempo antes con sus ciclos de celo. El tiempo en que los potros comienzan a ser desplazados de sus bandas y se unen a las de solteros y las potrancas pueden llegar a migrar o formar parte de otras bandas - si son abducidas por algún macho vecino o joven- dependiendo de distintos factores.
Esta situación de separación temprana suele ser bastante terrible para los caballos nacidos en cautiverio y es algo que debemos tener en cuenta para que no ocurra. Utilizando un poco el sentido común piensen que en realidad esta situación de separación temprana del potrillo tiene una función y un sentido que no es solo la cuestión del pronto uso del vientre de la yegua para la cría comercial de caballos. No es solo una cuestión práctica de manejo de Haras. Esta interrupción del vínculo con la madre, la familia y el grupo terminan, también, generando un tipo de caballos mucho más vulnerables y dóciles. Por la carencia de contención, familiaridad, afecto y compañía de su grupo son, al fin, más propensos a la manipulación.


No debemos olvidar que (al igual que con los seres humanos) las metodologías de enseñanza o de trato en general son y han sido históricamente autoritarias, no las de la cooperación o la comprensión, ni las de la ayuda al desarrollo del otro o su empoderamiento o el reconocimiento de su libertad, sino lo contrario. Siempre se ha buscado de manera intencional o no, consciente o inconsciente la dependencia, la debilidad para poder tener un fácil manejo de los individuos, pues un individuo adulto con una gran seguridad en sí mismo puede causar problemas, tener desobediencias, rebeldías, etc. Esa es nuestra lógica, la lógica de la dominación. Nuestra lógica “humana” y nuestra lógica social. Es fácil de entender que esto sea lo que guíe los manejos respecto de los seres que queremos controlar, tener en cautiverio o que nos sirvan. Deseamos que sean manejables y no tener dificultad al moldear sus conductas y sus vidas.


Por supuesto, creo que nosotros no queremos eso sino seres completos, seres confiados de sí, seres que conocen su poder. Somos nosotros los que estamos a disposición de su desarrollo, pues deseamos los mejor para ellos, no tratamos de convertirlos en seres obedientes y sumisos o inseguros y fáciles de manejar, sino en seres sanos, confiados y empoderados. 





Fotografía Mariana Domic

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Los Caballos. Amor y control



En esta antigua fotografía, (al igual que en la anterior que fue retirada por pedido de autor - pido disculpas a Miron Bococi por la confusión respecto de los derechos de uso de su imagen) pueden verme durante el trabajo con un caballo de carreras que se lanzaba atacando de manos. Lo que se ve es una corrección ante un intento de llevar sus cascos a mi cabeza, a lo cual respondo " sshhh!, esto no puedes hacerlo". Es una corrección rápida con el ramal. Interpongo mi presencia y mi postura a su animosidad. Esto sería como tratar de corregir a un niño violento con represión o incluso violencia y nada tiene que ver con lo que haría hoy día en la misma situación pues he descubierto que hay otros caminos para enseñar a los caballos respeto. Esto es en principio, respetándolos.


Hoy día, la mayoría de las veces, el valor junto a los caballos no tiene que ver con grandes hazañas, ni la fuerza con poderosos saltos. Ni siquiera con reconocerse equivocado desde toda la vida respecto de lo que entendíamos sobre ellos. El valor y la fuerza es muchas veces poder, al estar con ellos, tener el coraje y la voluntad de reconocerlos y comenzar nuestra relación de nuevo. 
Se necesita confianza -y tal vez un poco de fe en el otro o en el amor- en que no hay otro camino mejor que el del respeto y la libertad. En definitiva sin esa confianza y algo de valor sucumbimos ante el miedo o pequeños temores y comenzamos a controlar a nuestro amigo caballo. Pero el control es lo contrario a la libertad e incluso contrario al amor. El miedo y la intolerancia nos han llevado muy lejos de la comprensión de los caballos. El caballo es un animal grande y fuerte y eso intimida a mucha gente, es por eso que existen tantos métodos de control. Y esto no es solo consecuencia de algo histórico, que viene de la tradición y que está cambiando hoy. Todo lo que se conoce sobre los caballos hoy día se está usando para crear nuevos métodos de control. Solo analicen las nuevas domas naturales, racionales, no violentas o similares y verán gran cantidad de conocimiento sobre cómo “son” los caballos, aplicado a su sometimiento y su control. Aun en estos nuevos y bien intencionados intentos de relación, lo que prevalece es el miedo. Este nos lleva al control y lejos de la comprensión y del amor.



Me vino a la mente la frase de esa canción de Bob Marley que dice "liberémonos de la esclavitud mental, solo nosotros mismos podemos liberar nuestra mente”. Y pensaba en todas esas personas que en realidad no creen en el amor, o sea, no creen que los caballos puedan ser enseñados sin violencia, no creen que los caballos puedan entender sin que se los obligue, no creen en que los caballos puedan ser tratados como otro y como seres, con todas las posibilidades de elección y aprender a llevar un jinete en su espalda, a hacer los elementos que Alexander Nevzorov muestra o que nosotros hacemos con nuestros caballos. Esa es la verdad, ellos están esclavizados a la idea de que los caballos deben ser sometidos u obligados de alguna manera. En el fondo no confían y no creen en otras maneras. Es realmente muy interesante. Cuando alguien empieza a confiar, a creer y empieza a darle libertad a su caballo es porque cree en esa libertad. Es porque se esta dando la libertad a sí mismo de poder pensar de otra manera. Libertad de creer, libertad de amar, libertad de encontrase con el otro sin obligarlo, empujarlo o forzarlo. Con paciencia, con amor, con confianza. Haciendo cosas por el otro sin estar forzándolo a que nos de respuestas, sin esperar resultados, no esperando devoluciones. Creo que el primer paso hacia la libertad o el amor o "hacia la libertad en el amor" es ese, es dar desde el corazón y si el caballo nos da, a su vez desde su libertad, entonces, bienvenido. Pero hay gente que no puede darse esa libertad, que están esclavizados a la necesidad de controlar, de obtener, de estar seguros de que su caballos les van a dar lo que ellos están deseando, aunque no lo merezcan, aunque no hayan dado nada a cambio, aunque no hayan sido lo suficientemente amables o amantes para darle al otro la seguridad del respeto, la paciencia para enseñarle, el servicio al cuidarlo y la comprensión al tratar de hacernos comprensibles.



David Castro, autor de El Silencio de los Caballos 

Foto 1: Ina
Foto 2: Mariana Domic

martes, 15 de noviembre de 2016

Romper el estereotipo

Me han enviado hace poco un video de alguien que hace shows con sus caballos para que les diga si eso que se muestra es igual o similar a lo que yo propongo o a lo que se ve en las películas de Alexander.



"Todo lo que tiene que hacer es simplemente pensar y pensar, para romper con el estereotipo. Entonces serán posibles muchas cosas.”
                                            Alexander Nezorov

El paso que propongo para “romper el estereotipo” es el abandono de las técnicas. Por esto es que la enseñanza de mis cursos incluye un profundo análisis de la relación hombre-caballo. Durante toda esta etapa, nos dedicamos al análisis de los distintos métodos de doma-entrenamiento que han existido y existen hoy día. De esa manera, no solo se hace clara la contradicción existente en las metodologías ecuestres, con sus distintas técnicas de amanse o aproximación al caballo, sino también, lo innecesario de estas, la violencia oculta, la falacia de sus promesas de amistad y respeto y la búsqueda última de control de los caballos.

Como lo he explicado en muchas oportunidades, casi la totalidad de aquellas técnicas existentes son atajos para lograr un cierto control del caballo o de sus habilidades. El abandono de esta actitud conlleva la búsqueda de una relación franca y sincera con ese otro ser con el que quiero establecer contacto, en este caso, el caballo. La amistad verdadera se construye de otra manera y no hay técnica que sirva para el encuentro con el otro.

Una relación sincera, plena, franca con otro ser, no puede estar guiada por las modas, el utilitarismo o el egoísmo. Cuando eso ocurre no estamos hablando de ese íntimo contacto de alma a alma.

En busca de la comprensión del otro (el caballo, en este caso), el aprendizaje es una de las maneras (posibles o correctas) además de la empatía. La empatía es importante pero el aprendizaje es una de las herramientas clave. El aprendizaje sobre el otro, sobre el significado de sus acciones, el mensaje de sus gestos... eso nos va a dar una idea de la relación entre su comportamiento y lo que éste expresa. Todo esto es un aprendizaje que hacemos para una mejor comprensión del otro. Muchas veces al interponer nuestros anhelos o nuestras ideas, veo que hacemos un recorte de la realidad. En este camino el auto engaño, la fantasía, la falacia, los eufemismos simplemente no nos van a ayudar, más bien nos alejan, nos impiden la comprensión y dificultan el aprendizaje. A partir de aprender como el otro (el caballo) ve el mundo, entiendo que podríamos interpretar de manera aproximada su realidad, pero si esta interpretación tiene por fin último la satisfacción de nuestra fantasía personal, será muy difícil ver las cosas de manera “objetiva” (o entender la subjetividad del otro). No por nada, en el libro El silencio de los caballos traté de explicar este concepto de ponerse al servicio del otro, esta idea de la que hablo sobre colocarse por debajo (understand)1 para poder aprender del otro y su mundo. Cuando nuestro deseo (sea este deseo el resultado de un anhelo personal o un “mandato” histórico-social) de que el caballo nos sirva al propósito que le hemos asignado en nuestra mente tiene características performativas, toda la comprensión de la situación real, la comprensión del otro o de su comportamiento puede perderse en una fantasía.
La idea de que el caballo “juega” con el bridón en su boca, o que la baba espumosa en la boca del mismo es indicio de algo sano, o incluso la idea de una renombrada etóloga de que “el caballo atado patea porque le tomamos por sorpresa y no puede vernos”, pueden ser un claro ejemplo de lo que es una interpretación forzada de un comportamiento o un hecho.
Con todas sus incidencias y su complejidad sé que no es fácil entender en profundidad esto, pues se ha naturalizado de manera inconsciente la actitud utilitaria respecto de los caballos. Por esto digo que el cambio mayor debe ocurrir en las personas y no en los caballos, pues aun queriendo un cambio en nuestras maneras de interactuar con ellos es difícil para muchas personas abandonar el deseo de que sus caballos les “sirvan para algo”.
El supuesto de que existe una técnica, un método o un instrumento para alcanzar la relación soñada con un caballo es una fantasía corriente hoy día en la new age ecuestre.
Me encuentro una y otra vez con la situación de tener que explicar esto a muchas personas, incluso a algunas a quienes no se les ocurriría nunca pensar de esta manera en otros aspectos de sus vidas.


Parafraseando a Casilda Rodrigañez, esta experiencia proporciona el conocimiento de que las técnicas son aspectos secundarios, y que lo esencial de la relación y de la capacidad de diálogo entre humano y caballos, es el deseo de complacer al otro. Refiriéndome a los resultados que suelen verse (en shows o demostraciones ecuestres), que son lo más conocido, creo que todo el mundo sabe que se pueden enseñar todos los trucos o incluso todos los elementos de la Haute Ecole clásica, y ni rozar siquiera la experiencia de una relación espontánea guiada por el respeto, el dialogo, o el interés libre de presión o soborno. Los trucos por sí mismos no nos transforman por dentro ni producen diálogos entre caballo y persona. Sólo lo hacen en la medida en que ayudan a la inducción o producción de un lenguaje común y de un vínculo sano. Uno puede estudiar durante años las técnicas y volverse un maestro en ellas, pero en definitiva uno al final será el mismo de hace veinte años, con mayores habilidades en trick training, cliker o en doma natural. El interés en el caballo como alguien con quien deseamos vincularnos, antes de guiarnos hacia cualquier truco, debe ser tal que sólo con producirse ese vínculo, nos satisfaga y nos realice. Ahí es donde se va operando el cambio real necesario en las personas.
''La cuestión es que el principal secreto de una relación especial con el caballo, lo que confiere al hombre las habilidades sorprendentes para educarlo, consiste en el hecho de que no hay ningún secreto.
La verdad es que hay, pero es tan modesto, tan poco espectacular, que estoy de alguna manera incómodo, incluso, al mencionarlo.
El secreto de la relación con el caballo es amar su esencia cuando lo miras. Sentir su dolor, el miedo y el malestar como el tuyo propio. Amar su extraño punto de vista, visto desde el mundo humano y, siempre que sea posible, compartir esa visión del mundo.
Es necesario respetar la total indefensión del caballo y reconocer su derecho a estar insatisfecho. Hay que renunciar a la soberbia de primate estúpido y darse cuenta de que pertenecer al suborden de los homínidos no da derecho absoluto alguno a ningún tipo de supremacía.



El secreto del alma del caballo es que el caballo no te debe nada y no está obligado a obedecerte''. Alexander Nevzorov
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1  Esta transformación, en general, podríamos decir que se inicia con un aprendizaje. Un reaprendizaje, si lo desean.
En algunas otras ocasiones, he mencionado la relación que hay entre entendimiento y aprendizaje.
Para poder entender a nuestro caballo, intentaremos algunas de las cosas que estuve sugiriendo con anterioridad. Mi propuesta ha sido siempre partir de esta frase de uno de mis maestros. Él decía que comprender significa “ponerse debajo“: “understand” (stand: pararse; under: debajo), en el sentido
de que la comprensión requiere de una atención, de un aprendizaje, tal vez, de un servicio.
(...)La idea de comprender realmente al caballo, de preocuparse por entenderlo, sugiere una atención y también de un cuidado, un desvelo.
Atender sus necesidades encuentra como requisito comprenderlas, tener una mirada atenta. “Cambiar la mirada” implica, un poco, ponernos al servicio de sus necesidades, no ya él al servicio de las nuestras, por eso esta idea de colocarse por debajo (understand). 


sábado, 29 de octubre de 2016

El camino de los caballos V. Confianza y entrega




No maltrates nunca mi fragilidad, yo seré la imagen de tu espejo.                                       Pedro Guerra

 Difícil encuentro que puedas alcanzar el cariño o el respeto de tu caballo a través de una técnica de amanse o doma. Una relación amorosa o incluso respetuosa no puede basarse en el control. Si lo piensas con detenimiento te vas a dar cuenta de lo que digo. ¿No están acaso todas las metodologías creadas con ese fin, para lograr el control o al menos algún ascendiente sobre el caballo?


 El secreto con referencia al respeto por los caballos, sobre todo durante su enseñanza, es cuidar su indefensión de tal manera de evitar cualquier herramienta, artificio o metodología que vulnere su capacidad de sentirse libre y soberano.
Para muchos será un gran trabajo cuidar su libertad y respetar su fragilidad.
Deberíamos evitar el uso de todo tipo de herramientas e incluso de ciertas técnicas puesto que el caballo es un animal susceptible a ellas y muy sensible psíquica, física y emocionalmente

 Toda interacción entre dos cuerpos reclama un permiso, todo contacto íntimo o manipulación física –como cuando alzamos a un niño- conlleva un acuerdo y una aceptación voluntaria de parte de ambos.
En la interacción con los caballos (y otros animales) los bozales, sogas, corrales o métodos de condicionamiento van socavando ese reclamo hasta silenciarlo o extinguirlo por completo.
Es por esto que suelo hablar del abandono de las técnicas y las herramientas. Piensen, además, que la mayoría de las veces, estamos tratando con caballos que han perdido la soberanía de su propio cuerpo y esto hará las cosas más complejas durante la recuperación de su libertad.
¿Porqué es tan importante que el caballo se recupere? Podría escribir varios artículos más solo sobre este tema, pero lo mejor que puedo decirte es que es él quien, desde su libertad, mejor puede enseñarnos el camino a su corazón.


 Les dejo una charla que subimos a soundcloud.

David Castro, autor de El Silencio de los Caballos.

lunes, 17 de octubre de 2016

¿Parte del problema o de la solución ?



Mucho me han pedido últimamente que hable sobre este tema, así que me he sentado esta hermosa tarde de primavera a intentar ordenar mis ideas y escribir por fin, algo que aclare mi postura critica sobre las “Domas alternativas” de toda una larga lista de personas (menos o más conocidas) que enarbolan hoy la bandera de estas metodologías. Por nombrar los más conocidos en estas latitudes me refiero a Carolyn Resnick, Lucy Rees, Pat Parelli, Monty Roberts, Chico Ramirez, Oscar Scarpati, Martín Ochoteco, Martin Hardoy, Buck, Andersonn, Dorrance, etc.

En principio creo que está de más decir que, al respecto de la mayoría de los que profesan, enseñan y difunden este tipo de metodologías o propuestas, no tengo nada personal. Sí, me molesta e indigna encontrar algunos casos en donde la mala intención, la mentira o el interés económico es el único motivo por el que están en el floreciente negocio de las domas alternativas, pero reconozco que no son tan frecuentes este tipo de personajes. Por el contrario, como siempre he dicho, la mayoría de los más conocidos y respetables representantes de las llamadas Domas Naturales o no violentas (en inglés Natural horsemanship), son personas con buenas intenciones, y, tal vez, con una creencia férrea en que con buenas intenciones todo se puede. El problema está algunas veces en sus conocimientos, pues en la gran mayoría de los casos, este es escaso, de relativa verdad o específico al uso del caballo. De seguro hay quien tiene más conocimiento científico sobre el caballo, su psiquis, naturaleza y bienestar –y me imagino que siendo personas, todas, bien intencionadas deben estar viviendo grandes contradicciones-, pues como he explicado, el problema básico es que “las ciencias animales” tienen una ética ambigua respecto a estos y por lo general los estudios sobre la animalidad se centran en la explotación o sirven en su aplicación a este fin.
En resumen, como entenderán no hay una crítica personal a ninguna de las personas citadas más arriba, sino al axioma de que este “movimiento” es algo distinto o un cambio positivo en la histórica relación caballo-hombre.
Dejando de lado las personas, pues como lo he dicho repetidas veces, mi crítica no es hacia tal o cual persona particular, el gran problema y la base de mi argumentación es que este tipo de metodologías carecen de lo que podríamos llamar “conocimiento serio sobre los caballos”, son muy pobres y abusan de diletantismo. La mayoría se apoyan en suposiciones, mentiras, falacias, confusiones y una fuerte necesidad e interés en el uso del caballo.
La cuestión es simple, ese uso del caballo, no es beneficioso para él, por ende estas metodologías, pasan a engordar la larga lista de intentos fallidos de entender al caballo como quien es -o sea, en relación a sí mismo y a su bienestar y no, en relación a nosotros, humanos, o al uso y utilidad que le damos.
La situación empeora cuando personas con conocimientos importantes respecto del caballo, algunos incluso científicos, terminan trabajando, no por el bien de este último o por una mejor relación caballo–humano, sino para el Mundo Ecuestre. Un mundo en donde el rol del caballo y la justificación de su existencia como especie es simple y llanamente nuestro uso.

Creo que cuando uno trabaja para los caballos o por el bienestar de ellos, debe preguntarse en definitiva cual es el problema real en las domas tradicionales o violentas y cual es el beneficio real que estas nuevas metodologías estarían aportando al caballo. La diferencia cuantitativa es mayor para el mundo ecuestre -el jinete, la industria cárnica o la industria de las nuevas terapias ecuestres son muy beneficiados- pero en términos absolutos no hay diferencias para el caballo.
Los caballos, probablemente, te “agradecerán” cualquier gesto menos violento, pero en última instancia, solo un autoanálisis descarnado te podrá dar una visión realista sobre lo que estás haciendo.
Si, al mirar vacas, veo chuletas, si al contemplar niños, veo esclavos, sirvientes o seres destinados a mi uso, el lugar que le asigno a esos seres es, mas allá de toda buena intención de mi parte, psicopático.

La pregunta sería ¿Eres parte del problema o de la solución ?

En lo personal, a cierta altura de mi búsqueda con los caballos ya no pude seguir justificando mi sometimiento bondadoso o mi contribución al abuso que toda relación hombre caballo encarna, cuando no es construida desde el respeto y la libertad (el respeto por la libertad del caballo, básicamente). La excusa de que menos violento es menos malo, se queda en lo anecdótico cuando se piensa en el panorama general de la situación.


Espero no haber ofendido demasiado o personalmente a nadie, por criticar metodologías que en todo caso ocultan la violencia, la justifican o simplemente confunden a las personas que están en busca de una solución para los caballos y no una para comodidad de su uso o manejo. En definitiva yo no estoy en contra de que estas domas existan pues de hecho son parte de un camino cargado de buenas intenciones, pero a esta altura de la historia de la relación hombre caballo debemos llamar a las cosas por su nombre. Por eso siento que es mi responsabilidad echar luz sobre la naturaleza violenta de una relación basada en el sometimiento y la indefensión aprendida como la que proponen las nuevas metodologías. Como dije, sé que los caballos notan la diferencia entre un hierro en la boca y bozal de soga sobre el proceso nasal, y agradecen el detalle. Son las personas las que no deben engañarse ni ser engañados por esta nueva modalidad de control y sujeción hacia los caballos. Hoy por hoy, no veo necesario que el camino de mucha gente hacia una relación basada en el respeto y la libertad tenga que estar empedrado de caballos abusados, falacias y eufemismos. 


David Castro, autor de El Silencio de los Caballos.
Foto: Mariana Domic