miércoles, 28 de diciembre de 2016

De potrillos y jóvenes caballos



Es muy común pensar que los caballos se sienten seguros debido a la situación jerárquica de su grupo, de la manada o su banda y es por esto que se suele decir que los caballos necesitan un líder, una yegua madrina o una jerarquía clara. Por lo que he observado en los caballos y su naturaleza social dudo que esto sea así, creo más bien que es la familiaridad -la afectividad, los lazos sociales, la convivencia y el conocimiento de sus compañeros - lo que le da seguridad a un caballo.
Por eso es necesario tener claro cómo los movimientos y separaciones de los caballos jóvenes y potrillos pueden afectar la vida de estos y su desarrollo psicoemocional.
En general, lo ideal sería que los caballos en cautiverio vivan con su madre como mínimo hasta los dos años aproximadamente, por decir un tiempo en el que estarían más preparados para una separación. Este período les permitirá que terminen de desarrollar ciertos aspectos emotivos y psicológicos que ellos necesitan.



Los caballos, al vivir en territorios amplios en los cuales se mueven casi de continuo, al no tener una casa o una madriguera, un lugar seguro -desde un punto de vista práctico- van generando seguridad a través de recorrer los mismos senderos, de ocupar periódicamente los mismos espacios de pastura, de esparcimiento o de cría, de beber en las mismas aguadas, saber dónde encontrar plantas medicinales, o sea la seguridad de conocer en profundidad su territorio. Pero bien, los territorios son casi siempre amplios y ellos de todas maneras están casi en continuo movimiento, alejándose o acercándose a las fuentes de agua suelen caminar varios kilómetros al día. Esa situación y su naturaleza social (debemos pensar en mamíferos como nosotros) hace que el cuerpo de su madre sea para las crías el “lugar” seguro, el “lugar” donde los potrillos se sienten protegidos. La cercanía constante de la madre, la teta, es su “casa”, su lugar familiar y seguro, lo mismo que la compañía de sus parientes y compañeros de manada.


Las separaciones de los potrillos son generalmente antes de los dos años, o incluso antes del año, que casualmente es el período en que ellos adquieren esa madurez sicológica y afectiva para comenzar a sentirse seguros y aventurarse en el ámbito de las relaciones sexuales. Es a partir de ese momento que lo potros comienzan a molestar e intentar montar a la hembras y las potrancas han comenzado un tiempo antes con sus ciclos de celo. El tiempo en que los potros comienzan a ser desplazados de sus bandas y se unen a las de solteros y las potrancas pueden llegar a migrar o formar parte de otras bandas - si son abducidas por algún macho vecino o joven- dependiendo de distintos factores.
Esta situación de separación temprana suele ser bastante terrible para los caballos nacidos en cautiverio y es algo que debemos tener en cuenta para que no ocurra. Utilizando un poco el sentido común piensen que en realidad esta situación de separación temprana del potrillo tiene una función y un sentido que no es solo la cuestión del pronto uso del vientre de la yegua para la cría comercial de caballos. No es solo una cuestión práctica de manejo de Haras. Esta interrupción del vínculo con la madre, la familia y el grupo terminan, también, generando un tipo de caballos mucho más vulnerables y dóciles. Por la carencia de contención, familiaridad, afecto y compañía de su grupo son, al fin, más propensos a la manipulación.


No debemos olvidar que (al igual que con los seres humanos) las metodologías de enseñanza o de trato en general son y han sido históricamente autoritarias, no las de la cooperación o la comprensión, ni las de la ayuda al desarrollo del otro o su empoderamiento o el reconocimiento de su libertad, sino lo contrario. Siempre se ha buscado de manera intencional o no, consciente o inconsciente la dependencia, la debilidad para poder tener un fácil manejo de los individuos, pues un individuo adulto con una gran seguridad en sí mismo puede causar problemas, tener desobediencias, rebeldías, etc. Esa es nuestra lógica, la lógica de la dominación. Nuestra lógica “humana” y nuestra lógica social. Es fácil de entender que esto sea lo que guíe los manejos respecto de los seres que queremos controlar, tener en cautiverio o que nos sirvan. Deseamos que sean manejables y no tener dificultad al moldear sus conductas y sus vidas.


Por supuesto, creo que nosotros no queremos eso sino seres completos, seres confiados de sí, seres que conocen su poder. Somos nosotros los que estamos a disposición de su desarrollo, pues deseamos los mejor para ellos, no tratamos de convertirlos en seres obedientes y sumisos o inseguros y fáciles de manejar, sino en seres sanos, confiados y empoderados. 





Fotografía Mariana Domic

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