La distopía del aprendizaje

La educación para la libertad es un oxímoron

Con respecto a nuestra coexistencia moderna con los animales no humanos, aunque los tiempos cambian, los conceptos evolucionan y la conciencia aumenta, una ética de vanguardia en la ciencia animal también debe cuestionar por qué todavía los entrenamos, en la investigación, así como en otras dimensiones de la sociedad humana. Por lo tanto, aparte del razonamiento antropocéntrico relacionado con el uso de los animales, más que la comprensión de ellos, ¿por qué entrenamos animales no humanos? Muy a menudo, el entrenamiento animal se confunde con el aprendizaje animal.
[]Sin embargo, la inteligencia no es lo mismo que la capacitación. Francesco De Giorgio, EurSAFE Conference 2016.


En el momento en que se propone una interacción con los caballos (sobre todo esos que viven en cautiverio o en condiciones domésticas), se suele caer en una suerte de dialéctica que justificaría su doma, su entrenamiento o su sumisión a nuestras diferentes maneras de uso.
Los alegatos son siempre los mismos. Se escuchan esbozos de paternalismo o de resignación personal al esgrimir el argumento falaz y patriarcal que nos dice que demasiada libertad contamina al individuo y que someterse a algo o alguien no es del todo malo. Se habla de la necesidad o “la deuda” de los équidos que no habrían sobrevivido de no haber sido por el hombre y el derecho adquirido en este hecho o en el acto de haberlos criado y alimentado.
Me preocupa ver cómo se perpetúa el esquema de la dominación, cómo justificamos el sometimiento. Al parecer la maravillosa destreza evolutiva de ser un primate parlante justificaría el dominio humano de los otros, pues tenemos, o descubriremos, siempre algún tipo de supremacía que nos elevaría hasta ese derecho natural a la manipulación.
En los últimos años me he encontrado con otra excusa para domar o entrenar a los otros, la fundamentación de que es por su propio bienestar. Respecto de mis caballos, yo mismo pensaba que sin caer en el condicionamiento operante o en el entrenamiento, era posible enseñarles desde las mínimas reglas de convivencia (y de manipulación con el fin de acceder a ellos cuando se trate de cuidar su salud, recortar sus cascos) a incluso una enseñanza que estimularía su inteligencia. Le llamé a esa modalidad de enseñanza, educación y me gustaría hablar sobre ese término pues es uno que yo utilizaba muy a menudo. 
Cuando me refiero en mis escritos a la educación de los caballos, en realidad lo que estoy haciendo es hablar de un concepto definido en la palabra educatio, un término muy antiguo, un término griego. Se refería básicamente al proceso de enseñanza durante la crianza, o sea, a la manera que una hembra de una especie transmite a su prole las herramientas para sobrevivir en el mundo bajo las reglas naturales de esa especie.
Como escribí en el libro El Silencio de los Caballos, el término doma es distinto al de domesticar y es distinto al de amansar, si bien tienen orígenes similares. Quizás siempre la intención está en moldear al otro de manera tal que nos sea útil y nos sirva a un propósito.
Comencé a usar la palabra Educación porque estaba empeñado en deshacerme del término doma, al cual relaciono más con la dominación y el sometimiento, con el proceso por el cual volvemos al caballo un esclavo o alguien que se somete a nuestras órdenes. El proceso con el que se puede luego entrenar a un caballo o se lo puede adiestrar. Por esa época todavía pensaba que puede haber algún tipo de enseñanza respetuosa de nuestra parte hacia el caballo. Me parecía interesante rescatar ese término, el término educatio para los caballos por su relación con la enseñanza. Si bien ya no es un sujeto femenino el que llevaría a cabo este tipo de tarea, parecería importante dar una enseñanza que les provea herramientas para sobrevivir en nuestro mundo -que ya no es el de ellos- bajo nuestras reglas y en la situación de cautiverio. Dadas las condiciones actuales de la mayoría de los caballos sentía que, en cualquier caso, esta enseñanza debería ser dada como lo harían las madres. En aquel momento, si bien no me gustaba usar la palabra educación y estoy en contra de ella en el ámbito humano, me interesó el término acuñado por los griegos. Educación=educatio polis (lo que toda madre hace con sus crías durante la crianza) respecto de los caballos para definir una trasmisión de pautas en pos del bienestar de ese otro ser -del cual nosotros somos, en este momento, tutores y responsables. En resumen, pensaba en ese término para definir el proceso de aprendizaje que deberían hacer esos caballos que no estén en condiciones de vivir en estado salvaje o en estado feral y tengan que verse sometidos, de alguna manera, al contacto con los humanos.

El término educación hoy día significa lo mismo en todas las especies que lo apliquemos, o sea, nosotros por medio de la educación moldeamos a los niños para que sirvan al propósito social para el que el sistema los está esperando. Lamentablemente, mi intención de hacer del concepto de educación de caballos algo positivo o respetuoso fue tan falaz como si intentáramos hacerlo respecto de los niños[1].
Creo que es importante saber que cualquier injerencia e influencia sobre los caballos va a ser, de nuestra parte, una intervención sobre ellos y su libertad, pero no tiene necesariamente que ser dañina. No toda interacción es una intervención, hay interacciones realmente respetuosas o cuidadosas de su bienestar y otras que son intervenciones, como la doma, el amanse o el entrenamiento que están destinadas a la utilidad del caballo para la humanidad.
Es por eso que he querido hacer un breve análisis de algunas terminologías y para esto quiero volver sobre la palabra domesticación, otro de los conceptos tratados en mis libros junto con el de domar y amansar.
Cuando nos encontramos con una situación tan atípica o infrecuente en la naturaleza como es la domesticación es difícil hablar de seres naturales o de situaciones naturales y deberíamos intentar ponernos de acuerdo sobre ciertos términos. No debemos olvidar que lo que podríamos llamar cultura humana esta fuertemente asociado a la domesticación[2] pero encuentra dos estados diferenciables. La domesticación de las plantas y la de los animales. Es en este último proceso que según varios autores se recrudece la actitud utilitaria hacia el entorno pues nace la apropiación del hombre hacia otros seres[3animados (animas/animales/esclavos/mujeres) dando origen a lo que se denomina cultura Patriarcal[4]. La cosmología y componente estructural de la cultura que considera al macho humano adulto dueño de sí y de otros seres (e incluso sujeto de derecho en una sociedad donde mujeres, niños, esclavos y animales poseen menos derecho en orden decreciente). De allí proviene, al parecer, nuestro (supuesto) derecho a domesticar, evangelizar o educar a otros seres/sujetos de otras culturas o de la nuestra bajo diferentes excusas –por su propio bien, por derecho divino, para su mejor uso, por su desarrollo intelectual, para que puedan vivir en este mundo, por su propia necesidad, para su mejor cuidado, etc.- La esencia de la actitud colonizadora, paternalista, educadora.
En mi juventud me dediqué bastante a estudiar el tema de la educación sin escuelas, escuelas alternativas y las alternativas a la educación. De hecho, fui maestro en eso que ahora se llaman escuelas pedagógicas[5en Argentina.
Maestro alternativo, domador “sin violencia”... Sí , debo confesarlo, si bien mis intenciones siempre han sido buenas, han sido bastante oscuros mis comienzos. Ahora sé que es difícil no caer en esos espejismos, porque es la manera en que este sistema tan perverso se oculta y se reproduce. Pero ese es el tema en definitiva, creo que ya lo he mencionado. Reflexionar en eso que le hacemos al otro -lo que le hacemos a los animales, lo que le hacemos a los niños-, lo que nos hacemos a nosotros mismos. He descubierto incluso que los mismos mecanismos que nos dificultan ver la verdad en ámbito de nuestras relaciones nos la impiden en otros similares.
No se puede pensar en qué hacemos con los animales sin pensar, en definitiva, qué hacemos o cómo nos relacionamos con los niños, por ejemplo.
En cierto sentido, creo que a veces resulta muy difícil para los adultos de hoy entender a los niños, tanto como con otros animales. Casi perecería que tenemos distinto Umwelt. De hecho, si te pones a pensar en la manera en que hablamos de los niños te darás cuenta de que nos referimos a ellos como si fueran otra especie, ¿no es cierto? Pero somos lo mismo aunque nos cueste recordarlo. No me refiero a recordar hechos o situaciones de nuestra infancia, sino a recordar cómo se sentía, cómo era ser niño (en un mundo gobernado por adultos, por ejemplo).
Claro que los procesos de crecimiento neurológicos intervienen para convertir la mente infantil en lo que luego será la mente del adulto. Ṕor ejemplo, la Dra. Alison Gopnik[6] sugiere que los adultos tenemos un tipo de consciencia que ella llama reflector. Dirigimos la atención a sitios específicos y los niños pequeños tienen lo que ella llama conciencia tipo farol. Esta ilumina hacia afuera en todas direcciones, una conciencia vivida y circundante de 360 grados para la cual todo es importante, todo. Es el momento de la vida en que se debe aprender todo lo posible, lo mas deprisa que sea posible de manera de conocer el entorno en el cual debe sobrevivir con suficiente rapidez. Algo que el aprendizaje dirigido, consciente, no puede llevar a cabo con la premura suficiente pero la inmersión inconsciente si. Gopnick dice que somos como las orugas y las mariposas - según ella “nosotros somos la orugas y ellos la hermosas mariposas”-. Incluso hay más, pues David Brooks[7] acota que la metáfora del farol, da a entender que el niño está iluminando y mirando el mundo y que el observador de alguna manera está separado de lo que ve, pero en realidad un niño no está observando, sino que esta inmerso participando activamente en todo lo que llega a su mente.
Se produce en el cerebro un cambio neurológico y mental claro que cambian la nuestra manera de percibirnos y de percibir el entorno, pero tengo la sensación de que gran parte se debe al proceso de desconexión que nuestra cultura ejerce sobre nuestra naturaleza[8] (eso que yo llamo nuestro ser biológico). La domesticación y la educación cumplen un rol esencial, me parece, en la perdida de lo mejor de nuestra naturaleza. Lamentablemente -aunque sospecho que ese es el propósito de todo y posiblemente esta sea la respuesta al enigma de nuestra docilidad- nos arrebatan esa conexión con las “fuentes naturales” que yacen en nosotros.
Y así es que andamos luego toda la vida adulta buscando re conectarnos, liberarnos, curarnos o paliar nuestra neurosis. Acudimos a los gurúes, el yoga, la sublimación espiritual, las terapias, los caballos (delfines y otros animales) en su busca. Lo malo es que a estos últimos les aplicamos la misma “terapia de shock” que a los niños – bueno, tal vez un poco más suave en alguna que otra especie por protocolos de seguridad-. De todas maneras, sean niños u otros seres “salvajes”, la metodología y los estándares son siempre los mismos, al principio cautiverio y confinamiento (recuerden que, como dice Lucy Rees, domar viene de domus=casa), domesticación, entrenamiento y adiestramiento, moldeamiento o troquelado, en fin, Educación.
Volviendo al tema de los caballos, debo hacer algunas aclaraciones sobre mi uso de enseñanza y aprendizaje. Suelo decir que el caballo siempre tiene razón y en este sentido también es así pues el aprendizaje es una experiencia personal de apropiación del conocimiento en relación con el mundo. Por eso intenté hablar de educación de los caballos pues pensé que el termino infundiría cierto respeto hacia el caballo. Pero veo que en este momento en que sometemos a nuestros niños a distintos tipos de educación, todo vuelve a confundirse. Cuando confino a un animal, ser, sujeto, para “enseñarle” algo, cuando limito su libertad con cercos o con sogas atadas a su cuerpo (o con escuelas), es claro que hago esto porque deseo que no ejerza su libertad de movimientos o decisión. Un proceso de enseñanza de ese estilo no puede ser llamado respetuoso o amoroso sin convertirse en un eufemismo. El control es lo contrario a la libertad e incluso contrario al amor. Vuelvo a la comparación con los niños. ¿Cuántas veces queremos controlar a los niños? Creo que es porque en realidad no confiamos en ellos y en sus capacidades. Claro que queremos cuidarlos y tenemos miedo de que algo malo les suceda, pero el control no es la vía, lleva a lo contrario: inducir temores y generar indefensión, lo daña de por vida. La tendencia más común en estos casos (aun mientras hablamos de amor y respeto) es negarles el status de igual, es convencerles de su inferioridad y robarles su libertad ¿no es eso lo que hacemos? Comienza entonces el camino de las excusas “él debe aprender esto o aquello”, “tiene que aprenderlo, por su bien”, “necesita que le enseñen” y es así que bajo la excusa del aprendizaje y las necesidades del otro tomamos el control.
Pero por otro lado, nada de eso es necesario, los niños no necesitan docencia, solo que los dejemos aprender desde su interés intrínseco. Siempre se ha creído que un niño sin educación va a convertirse en un ser egoísta o en una amenaza social[9(bueno sí, será un a amenaza para esta sociedad si es libre y por lo tanto un ejemplo de otro modo posible fuera de dominador/dominado).
Tampoco devendrán en seres ignorantes, incompletos o infelices por no ser sometidos a la educación, lo contrario es más posible[10].
Todos los animales aprendemos, y es ampliamente aceptado que el aprendizaje es un proceso que cubre nuestra vida entera y no se limita a ninguna etapa especial del desarrollo. Aprender, como nutrirse, es una facultad y necesidad del organismo[11]. Sea que hablemos de humanos o cualquier otro animal, la curiosidad y el interés en saber es esencial, pues aprender, como señala De Giorgio, "implicaría una posesión proactiva del contenido en cada fase, a través de la cual el animal se convierte en dueño de su propia experiencia de aprendizaje, subjetiva en su singularidad y única en ese momento". Pero no podemos obligar a los demás a preguntarse, a interesarse o a querer saber. Si no, estaríamos haciendo lo que muchos hacen con los niños: hoy día estamos llamando enseñanza a eso que se hace para forzarlos a aprender. Y no solo eso, lo que mayormente significa educar es reprimir - sus impulsos, sus deseos, su aprendizaje-. La educación no hace sino preparar a los seres para la obediencia.
Lamentablemente, al igual que como lo hice respecto de los niños, ya no voy a poder usar el término educación respecto a los caballos sino como sinónimo de algo malo para su libertad y aprendizaje. Intentaré desde ahora usar otros término menos ambiguos.
Entonces Educación = manipulación, moldeamiento. El término, al parecer es una corrupción de la Educatio polis, el cual es un término griego que implicaba siempre un sujeto femenino y definía todo lo que la madre (sea perra , marrana, o mujer) enseña a su hijo durante la niñez. Es lo que podríamos llamar crianza biológica, la cual es una herramienta de transmisión de una “cultura animal”. Hoy se sabe que existe la cultura “animal”, se ha aceptado que hay diferentes casos de trasmisión de conocimientos en algunos grupos de animales sociales, como el lavado de bulbos en el mar de los macacos de Koshima en Japón. Por otro lado, recuerden que la idea de naturaleza vs cultura es característica de la ontología occidental y no en otras.
Es necesario re conceptualizar una serie de ideas que nos parecen naturales, como por ejemplo la noción de apropiación. La idea de que los humanos son sujetos políticos porque son dueños de sí mismos es una de las bases de la democracia moderna, pero de ahí se desprende que los humanos se pueden apropiar del resto del mundo. Tenemos que inventar formas alternativas de apropiación, tal como existe en otras cosmologías. Y aunque no las podemos reproducir, porque ninguna experiencia histórica se puede reproducir automáticamente, pueden servir de fuente de estimulación intelectual.
Mientras en Occidente pensamos que somos dueños y poseedores de la naturaleza, en el resto de las cosmologías es todo lo contrario: la naturaleza es dueña y poseedora de los humanos. Claro, no se puede decir así porque para ellos la naturaleza como tal no existe, pero el punto es que entienden que los humanos son parte de un sistema más grande del cual son responsables y que los no humanos son condiciones para que los humanos desempeñen sus actividades. Eso es lo que se encuentra en las comunidades tradicionales de los Andes, no muy lejos de aquí. Philippe Descola

Ahora, los animales no educan sino que crían -madre e hijo nunca están lejos de su naturaleza propia, la de cada uno - es por eso que la animalidad a menos que pase por un proceso de domesticación siempre está conectada a su ser biológico. Incluso cuando la chimpancé Washoe le enseña lengua de señas a su hijo, ¿lo hace con el propósito de que le vaya bien en el mundo de los humanos o solo fue la transmisión de un aprendizaje adquirido espontáneo?
Ningún animal educa, en el sentido de reprimir al otro con el propósito de enseñarle algo con la excusa de que es por su propio bien. Y con eso no estoy hablando de que no exista cierta trasmisión de conocimientos. Se ha visto a una madre chimpancé acudir, durante los intentos de su hijo de romper la cascara de un fruto y hacer un pequeño ajuste en la posición de la piedra en la mano del pequeño cuando este se mostraba algo frustrado.

Bueno, ¡por qué tanto problema? ¿cuál sería el inconveniente con eso, con la educación? ¿No es acaso algo bueno y necesario?
El tema es que la educatio (me refiero a la educatio polis de los griegos, no confundir con lo que hoy llamamos educación) es algo muy relacionado a la crianza, estimo que es una de las herramientas básicas de transmisión de cultura (y perpetuación de la misma) sea humana o no humana, diría casi que es una “necesidad” de los animales sociales. Por otro lado, la educación es un proceso de moldeamiento, sui generis de nuestra cultura humana.
Si nos anoticiamos de que nuestra cultura humana está en este momento, en el máximo desarrollo de la mentalidad utilitaria, patriarcal y todavía en el apogeo del esquema de la Dominación, que son las bases de la ontología occidental... Bien, supongo que ya se entiende cuál es el problema de la Educación. Eso es, en definitiva, lo que venimos transmitiendo de generación en generación desde hace más de cinco mil años. Y como puede apreciar hoy día, dentro de ese marco ontológico cultural son pocas las “experiencias diferentes” posibles que pueden prosperar pues ese Sistema no admite competidores ni convivencias (si lo pensamos es por su simpleza y cruda rudeza que fue tan viral esta “manera de estar en el mundo”, no solo porque la impusimos en todo el planeta), solo hay una forma exitosa que encaja bien: por arriba o por debajo, dominador o dominado, etc. (No me quiero poner melodramático). Por si quieren leer algo más, les dejo más bibliografías al final del texto. No debemos olvidar que al igual que con los seres humanos las metodologías de enseñanza o de trato en general de los animales son y han sido históricamente autoritarias, no las de la complacencia o la comprensión, ni las de la ayuda al desarrollo del otro o su empoderamiento o el reconocimiento de su libertad, sino lo contrario[12]. Siempre se ha buscado de manera intencional o no, consciente o inconsciente la dependencia, la debilidad para poder tener un fácil manejo de los individuos, pues un individuo adulto con una gran seguridad en sí mismo puede causar problemas, tener desobediencias, rebeldías, etc. Esa es nuestra lógica, la lógica de la dominación. Nuestra lógica “humana” y nuestra lógica social. Es fácil de entender que esto sea lo que guíe los manejos respecto de los seres que queremos controlar, tener en cautiverio o que nos sirvan. Deseamos que sean manejables y no tener dificultad al moldear sus conductas y sus vidas. Lo peor es que perjudicamos a los seres que amamos -sean niños o caballos-, quitándoles vitalidad y alegría de vivir en casi todos los casos.

Volviendo al vínculo/tipo de interacción y a nuestra intención de transmitirle al caballo ciertos conocimientos sobre lo humano ya no voy a referirme educación, cuando hable de ese mutuo aprendizaje intentaré otras formas de llamarlo: libre diálogo, vinculo respetuoso...algo que nos coloque al caballo y al humano en el mismo lugar. De todas formas hoy creo y me han demostrado mis caballos que la sola convivencia respetuosa basta para que aprendan por ellos mismos y desde su propia motivación, todo lo necesario y más.

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Ps : Cuando hablo de comunicarse, interactuar desde el respeto o dialogar no estoy hablando de algo sobre lo que los caballos deban ser educados, y en todo caso no son ellos los que lo necesitarían. Me refiero a esta capacidad de diálogo, que hemos perdido a causa de la apropiación de los otros necesaria para el esquema de la dominación. No es la capacidad de dirigir, controlar o manipular al otro durante los encuentros. Es la capacidad de escuchar lo que el otro está diciendo. Es la paciencia para esperar tu turno. Es la confianza de sumergirse en el proceso sin esperar el resultado. Es la aceptación del resultado y la serenidad para ver los errores como guías para el cambio y la mejora. Es el incentivo para tomar la diligencia paciente, como camino para mantener el interés en la comunicación.
Es la vocación de comprender y volverse comprensible para el caballo. Como ya expliqué también en mis libros y otros artículos, la compresión (understand) es un aprendizaje, en este caso sobre las relaciones. Cuando un caballo y un ser humano están desarrollando una relación, cada uno suele aprender acerca del otro, así como enseñar al otro acerca de sí mismo. Por lo tanto cada parte “entra” y “sale” de la función de maestro y alumno, participando a veces del aprendizaje, a veces de la enseñanza. Pero aun así, no debemos tomar una actitud educadora, sino la que el caballo nos está mostrando. Él no trata de educarnos o enseñarnos algo, solo se relaciona, es espontáneo, interactúa, dialoga. Esto exige empatía y disciplina. Nadie te puede enseñar más sobre un caballo en particular (o sea sobre sí mismo) que el propio caballo. Y te toca a ti, explicarte a ti mismo bien, para demostrarle a tu caballo que eres honorable y accesible. Debemos reconocer que, de todas maneras, el caballo va a seguir siendo un misterio para nosotros, como cualquier otro ser, sea éste humano o no. Creo que allí yace una de las fuentes del respeto real, en la maravilla ante ese misterio, al fin y al cabo, como dice Deleuze, “ciertas nociones del mundo permanecerían vacías e inaplicables si el otro no estuviera ahí, expresando mundos posibles.”

Pienso en esa escena del libro de Saint Exuperie donde hay un diálogo entre el Zorro y el Principito.
“-las palabras son fuente de malos entendidos- dijo el Zorro.”
Es por eso que creo que el Pequeño Príncipe no comprendió cuando el Zorro en realidad debe de haberle dicho.
- Si quieres un amigo, no me domestiques.



Bibliografía y Notas

1 La educación no está para ayudar a los niños a ser ellos mismos, sino para ayudar al sistema a adaptarlos a su propia necesidad. De eso ya he hablado en varios escritos sobre educación.
2 La aparición de la cultura simbólica, transformada por su necesidad de manipular y de dominar, abrió la vía a la domesticación de la naturaleza. Después de dos millones de años de vida humana pasados respetando la naturaleza, en equilibrio con otras especies, la agricultura modificó toda nuestra existencia y nuestra manera de adaptarnos, de una manera desconocida hasta el momento. Nunca antes una especie había conocido un cambio radical tan profundo y rápido. John Zerzam, Futuro Primitivo
3 El bienestar se asocia al crecimiento del ganado que se protege y cambia la noción de fertilidad, la que deja de ser la armonía del vivir en ciclos de nacimiento y muerte, para pasar a ser el crecimiento en cantidad; la procreación pasa a ser un valor, y no sólo la procreación del ganado, sino también de los hijos, con lo que la mujer pasa a ser una fuente de riqueza. Maturana y Verden-Zöllery
4 Los más antiguos vestigios de domesticación animal se encuentran entre las culturas que dieron origen a los pueblos indoeuropeos y semitas con estructuras culturales netamente patriarcales. Incluso entre los semitas la cosmología y moral es claramente más utilitaria y misógina.
5 La pedagogía blanca me atrapó con su discurso en mi juventud, como las "Domas no violentas” al principio de mi camino con los caballos.
La “Escuela alternativa” será mañana la “Escuela oficial”, y de hecho ya lo es hoy en parte de Europa: es la Escuela por fin readaptada a una fase del Capitalismo que ya no requiere, sin más, “obreros dóciles y votantes crédulos”, sino “ciudadanos asertivos, emprendedores, organizativos; gentes creativas, imaginativas, asociativas” siempre —y este es el aspecto crucial— desde la aceptación franca de lo dado, desde la instalación plena en el sistema o, al menos, desde el deseo irrefrenable de acomodación. Para este nuevo perfil demandado por la máquina política y económica ya no sirve la escuela tradicional; se precisa una Escuela Renovada, y hay un interés mayúsculo, en las agencias económicas y en los poderes políticos, en promoverla. Pedro Garcia Olivo 
6 Alison Gopnik, Andrew N Meltzoff y Patricia K Kuhl, The Scientist in the crib: What early Learning tell us about the maind Harper Perennial 2009
7 The Social animal , David Brooks. 2011
8 […] permite que nos podamos seguir creyendo que nacemos malos, egoistas, violentos, con instintos de agresividad y perversiones varias. Sin la ocultación de los orígenes no sería posible mantener la teoría de la criatura con deseos perversos, mala, egocéntrica, insociable y del salvaje malo que justifica la represión de los pequeños seres humanos para salvaguarda de la sociedad. Casilda R Bustos, La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente.
9 Hasta ahora la sociedad ha protegido al adulto y culpado a la víctima. Ha contribuido a ello nuestra ceguera ante las teorías que se amoldan a los patrones educacionales de nuestros bisabuelos, en las que los niños eran criaturas dominadas por la maldad y los impulsos destructivos, inventaban falsas e imaginativas historias y ofendían o deseaban sexualmente a sus inocentes padres. Alice Miller , Por tu propio bien. Raices de la violencia en la educación del niño. Turquest. 1984
10 Pueden ver otros artículos aquí en mi blog sobre el mito de la educación como necesidad
11 Antonio Ruiz
12 La insensibilidad se va forjando de la mano de la resignación y de la propia sumisión; decimos: si me castigaban era por mi propio bien -en general todos los adultos/as piensan que sus padres les hicieron un gran favor al reprimirles, y en esta valoración que hacemos del trato recibido por nuestros padres descansa el mecanismo de retroalimentación del sistema, porque reproducimos la insensibilidad que permite presenciar e infligir sufrimientos sin afectación emocional alguna (tienen por eso no lloran/de plomo las calaveras, decía otro poeta). En nuestro mundo la definición de un hombre adulto o una mujer adulta -quizá su definición más verdadera- sería el que o la que es insensible a los sufrimientos de las criaturas. Este sufrimiento es el producto directo de la represión ejercida por el Poder, y es a la vez la materia prima que lo constituye. Casilda R Bustos, El asalto al Hades. La rebelión de Edipo, 1ª parte

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